Este es un blog dedicado a los libros de Princesas del Reino de la Fantasía. Además tambíén podeis comentar, ir al chat, ver los personajes... En este blog voy a ir colgando reseñas, informaciós de los personajes, imágenes, etc. también colgaré información de los libros que no se han publicado en España. Me refiero a loa italianos. Menos mal que los tengo y se hablar italiano.

viernes, 29 de marzo de 2013



Mientras, la cocina se convirtió en un auténtico campo de batalla pero las cocineras se volvieron más audaces que los cuervos y creyeron tener la situación bajo control entró por la ventana Calengol.
Calengol era un ser mitad gnomo, mitad elfo y el enemigo número uno de Nives y de toda la corte de Arcándida. Era de piel verdosa y ágil. Estaba apoyado en el alféizar de la ventana. Prometió vengarse cuando el rey sabio lo derrotó y lo expulsó del Gran Reino intentando adueñarse del Reino de los Hielos Eternos.
 Las cocineras gritaron, los cuervos graznaron al ver a Calengol y este saltó de la ventana y alzó la mano para que pararan y estos se posaron sobre una alacena.
Calengol preguntó por la princesa Nives y estas se pusieron en posición de defensa diciendo que no estaba y que Gunnar le haría pedazos.
Él no les creyó, luego un cuervo rojo se posó en su hombro con algo blanco en el pico. El ser mitad elfo, mitad gnomo les dijo a Arla y a Erla que le dijeran a Nives que estaba muy enfadado con ella.
En ese momento entró la condesa Berglind acompañada por el mayordomo Olafur, el pingüino Once y dos lobos blancos.
El monstruo saltó a la  ventana donde debajo de él  había menos de cien metros de vació.
El agitó la mano y los cuervos lo agarraron y se lo llevaron volando en dirección al sol, que pareció devorarlo.

miércoles, 27 de marzo de 2013



Los seis cuervos rojos.
Transcurría la mañana tranquila y faltaba poco para para almorazar.
La condesa Berglind se debatía entre el sentido del deber y el sentimiento de culpa por haber preparado las invitaciones sin decirla nada a Nives, que iba a llegar tarde al aluerzo.
La condesa era la tutora de la princesa desde que sus padres fallecieron
Ella no dejaba de recorrer el salón de banquetes observando la mesa de basalto negra, el viejo reloj…
Con los años, la aristócrata no se había acostumbrado a la genial arquitectura de Arcándida, las paredes de hielos con adornos delicados, los muebles de piedra… todo muy armonioso.


La condesa contempló embelesada los movimientos que creaban los rayos del sol al filtrarse por las paredes. Pensó en Nives.
La había criado y se sentía muy unida a ella pero lamentaba tener que obligarla a casarse, pero lo hacía pensando en su bienestar.
Rápidamente se dirigió a la cocina donde supuestamente el almuerzo debía estar listo.
En la cocina había una tarta de manzana y pera que el pingüino Once contemplaba como si se tratara de una de las hadas del bosque.
Arla y Erla amenazaron a Once de que no se la comiera y el camarero pingüino retrocedió de inmediato.
Once siempre <<probaba>> los platos de las cocineras y en más de una ocasión loa había destrozado.
En el momento en que Arla preguntó por las patas un fuerte chasquido alarmó a las mujeres y oyeron un batir de alas.
Las cocineras gritaron. Elrla se escondió bajo la mesa, Ar estaba con las manos en la cabeza y Once estaba inmóvil junto a la puerta. Seis cuervos rojos irrumpieron en la cocina y la convirtieron en un auténtico desastre.


Once, a petición de Erla, fue a pedir ayuda, tropezando muchas veces. Uno de los cuervos lo siguió y luego desapareció en los pasillos de Arcándida.
Al final, el pingüino tropezó con la condesa Berglind, intentando explicarle a trevés de la mímica lo que estaba pasando hasta que, por fin, la condesa lo comprendió: ¡Calengol u sus cuervos rojos estaban en el palacio!

martes, 19 de febrero de 2013



Grandes preparativos en el castillo
Mientras Nives y Gunnar cuidaban las del jardín y probaban la fruta del Gran árbol, en el castillo se estaban haciendo los preparativos para la fiesta de compromiso de Nives, que se celebraría dentro de cuatro días.
La condesa Berglind dispuso que sacaran la vajilla y la cristalería más fina, que se habían utilizado en la boda del Rey Sabio y la reina y que la condesa había llevado a Arcándida cuando ella y Nives se trasladaron.
También ordenaron a las cocineras que preparasen un menú muy elaborado, y estas tuvieron que abandonar su discusión sobre la tarta.
Olafur, el mayordomo de la corte desde hacía muchos años, estaba muy ocupado. Era un hombre de mediana edad, aunque Erla solía decir que había nacido de mediana edad. Tenía la piel muy pálida e intentaba sin éxito ocultar su calvicie con un peinado <<cortinilla>>.
Estaba dando órdenes a diestro y siniestro y a media mañana dispuso a un gripo de camareros pingüinos en fila.




Arla y Erla estaban comentando que la fiesta de compromiso no le iba a gustar nada a Nives. Erla le dijo a su hermana que se iba a quedar sin novio en contra de su voluntad como no espabilase y estas empezaron a discutir.
Luego oyeron las voces de Tina y Talía y estas entraron a la cocina.
Tina y Talía eran las sobrinas de la condesa Berglind y las adoradas primas de Nives. Ambas eran guapas e indomables.
Talía tenía seis años y tenía aspecto de niña educada. Poseía pecas y labios perfectos. Siempre iba vestida elegantemente y se recogía el pelo castaño con dos trenzas. Pero de las dos hermanas era la más salvaje por excelencia y expresaba su verdadera naturaleza a través de los gritos. Olafur comentó que en más de una ocasión que la condesita había roto con sus gritos alguna de las más valiosas piezas de la Sala de Cristal.
Tina, la mayor, acababa de cumplir diez años. Tenía el pelo rizado. Solía esconderse o como ella solía decir, mimetizarse, haciendo que oyera y contara cosas que no debería oír ni contar.
Cuando estas salieron, Arla y Erla se preguntaron si las habrían oído pero ya daba igual, ya que Nives se enteraría pronto.

domingo, 17 de febrero de 2013



El Gran Árbol.
La primavera pronto llegaría al Reino de los Hielos Eternos y empezaban a notarse los cambios, la tierra marrón, los osos que merodeaban entre los arbustos…
Nives galopaba encima del lomo de Gunnar hacia la gruta del Gran árbol. Nives llevaba una capucha gruesa del mismo color que su vestido. No tenía frío. Aquel día hacía sol.
El Reino de los Hielos Eternos era una llanura inmensa rodeada de montes bajos al este y el oeste.
Tras largas horas de viaje, Nives y Gunnar llegaron a una grieta estrecha. Tras caminar un rato la grieta se ensanchó y dio paso a una cueva en la que dentro se encontraba el Gran árbol en un majestuoso jardín.




Allí se encontraron a Helgi, el jardinero que custodiaba el Gran árbol. Era de barba y pelo rubios. Llevaba un sombrero de fieltro que le tapaba los ojos, pero Nives conocía su mirada leal y sincera. Le recordaba a la mirada de su padre y al tiempo en el que vivía en el Gran Reino con su familia y hermanas.




Se saludaron y cogieron fruta de todo tipo. Nives la cogía subida al lomo de Gunnar.
En el árbol había limones, melocotones, mangos…
Tenía ramas fuerte y la corteza blanca. Nadie sabía si en algún lugar remoto del Reino de la Fantasía había otro árbol semejante. Lo que si sabían era que Helgi lo había traído para plantarlo en la gruta.
A nives no le importaba saber la historia del Gran Árbol. Estaba allí y eso era lo que le importaba.