El Gran Árbol.
La primavera
pronto llegaría al Reino de los Hielos Eternos y empezaban a notarse los cambios,
la tierra marrón, los osos que merodeaban entre los arbustos…
Nives
galopaba encima del lomo de Gunnar hacia la gruta del Gran árbol. Nives llevaba
una capucha gruesa del mismo color que su vestido. No tenía frío. Aquel día hacía
sol.
El Reino
de los Hielos Eternos era una llanura inmensa rodeada de montes bajos al este y
el oeste.
Tras largas
horas de viaje, Nives y Gunnar llegaron a una grieta estrecha. Tras caminar un
rato la grieta se ensanchó y dio paso a una cueva en la que dentro se
encontraba el Gran árbol en un majestuoso jardín.
Allí se
encontraron a Helgi, el jardinero que custodiaba el Gran árbol. Era de barba y
pelo rubios. Llevaba un sombrero de fieltro que le tapaba los ojos, pero Nives
conocía su mirada leal y sincera. Le recordaba a la mirada de su padre y al
tiempo en el que vivía en el Gran Reino con su familia y hermanas.
Se saludaron
y cogieron fruta de todo tipo. Nives la cogía subida al lomo de Gunnar.
En el
árbol había limones, melocotones, mangos…
Tenía
ramas fuerte y la corteza blanca. Nadie sabía si en algún lugar remoto del
Reino de la Fantasía había otro árbol semejante. Lo que si sabían era que Helgi
lo había traído para plantarlo en la gruta.
A nives
no le importaba saber la historia del Gran Árbol. Estaba allí y eso era lo que
le importaba.


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