Aquí podéis leer el primer capítulo de cada libro de la saga, hasta los libros en italiano.
Reina del Sueño
Bruja de las Mareas:
Una abominable pesadilla
Bruja de las Mareas:
Una abominable pesadilla
Era de noche en el maravilloso Reino de los
Corales, una noche perfumada de flores y de sal, que se extendía plácida entre
cielo y mar, acompañada por una base de ondas que se infringían sobre las orillas
coralinas y de algún parpadeo de peces que agujereaba acá y allá la superficie tibia
del agua. Sobre las islas, cantos de pájaros se alternaban en perfecta armonía,
conciliando el sueño de los habitantes del reino.
Solo la princesa Kalea no estaba en su cama. Había
cedido al sueño mientras se encontraba en el jardín, al lado de un jazmín que
la había acunado lentamente con su perfume embriagador.
Kalea dormía serenamente soñando con el día siguiente, cuando la habrían alcanzado al día siguiente su hermana Diamante con Rubin Blue. Justo mientras imaginaba aquel encuentro tan esperado, algo la despertó. Advirtió un ruido que estaba cada vez más cerca; no entendió de qué se trataba, luego sintió que era una melodía, oscura y profunda, acompañada de más voces que cantaban al unísono. Parecía una letanía.
Kalea dormía serenamente soñando con el día siguiente, cuando la habrían alcanzado al día siguiente su hermana Diamante con Rubin Blue. Justo mientras imaginaba aquel encuentro tan esperado, algo la despertó. Advirtió un ruido que estaba cada vez más cerca; no entendió de qué se trataba, luego sintió que era una melodía, oscura y profunda, acompañada de más voces que cantaban al unísono. Parecía una letanía.
Kalea se alzó de sobresalto y corrió hacia la
playa, siguiendo la dirección desde la que le parecía proveniente esas voces. Pero
cuando fue sobre la orilla, no vio nada. Excepto la luna, que sobresalía en el
cielo luminosa como una gema. Apenas bajó la mirada, notó algo perfilarse sobre
la línea del horizonte: parecían algunas manchas que se perfilaban opacas en la
noche.
Algo parecía avanzar, lenta pero
inexorablemente, desde el mar abierto hacia la Isla de las Estrellas, trasmitiendo
a la princesa una sutil inquietud.
¿De qué podía tratarse?
Kalea pensó inmediatamente en los piratas: recordó el ataque que el Reino de los Corales había sufrido una vez hace tiempo por parte del capitán Bulh y de su `Escama’. En esa época había intervenido Gunnar, el Príncipe de los Hielos en su socorro. ¿Y ahora? Habría debido avisar a Kaliq, su marido. Él habría sabido protegerla. Pero cuando la Princesa de los Corales probó a caminar, se acordó que sus piernas no le respondían como si se hubieran convertido en piedra.
Kalea pensó inmediatamente en los piratas: recordó el ataque que el Reino de los Corales había sufrido una vez hace tiempo por parte del capitán Bulh y de su `Escama’. En esa época había intervenido Gunnar, el Príncipe de los Hielos en su socorro. ¿Y ahora? Habría debido avisar a Kaliq, su marido. Él habría sabido protegerla. Pero cuando la Princesa de los Corales probó a caminar, se acordó que sus piernas no le respondían como si se hubieran convertido en piedra.
A ese
punto se planteó tranquilizarse. Quizás era solo sugestiones. Quizás, se habría
recuperado la calma, también las piernas habría recomenzado a hacer su deber. Inspiró
profundamente el aire perfumado e la noche y cerró los ojos. Cuando loa abrió
que los perfiles oscuros estaban decisivamente más cerca.
Era algo
irreal e inquietante en aquel avistamiento, algo que la hizo estremecerse en la
noche tibia.
De nuevo
probó a moverse, pero sin resultado. Estaba bloqueada en ese punto, los pies
desnudos hundidos en la arena que no era más la manta tibia y acogedora de su
amado mar, sino un caparazón frío y viscoso entorno a ella.
Transcurrieron
algunos interminables minutos durante los cuales Kalea quedó mirando el
horizonte, mientras las sombras delante a sus ojos se revelaban ser inmensos
navíos; de ellos avistó cuatro, pero podría haber sido otros, oscurecidos por
las dimensiones increíbles de los primeros.
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