Este es un blog dedicado a los libros de Princesas del Reino de la Fantasía. Además tambíén podeis comentar, ir al chat, ver los personajes... En este blog voy a ir colgando reseñas, informaciós de los personajes, imágenes, etc. también colgaré información de los libros que no se han publicado en España. Me refiero a loa italianos. Menos mal que los tengo y se hablar italiano.

miércoles, 27 de marzo de 2013



Los seis cuervos rojos.
Transcurría la mañana tranquila y faltaba poco para para almorazar.
La condesa Berglind se debatía entre el sentido del deber y el sentimiento de culpa por haber preparado las invitaciones sin decirla nada a Nives, que iba a llegar tarde al aluerzo.
La condesa era la tutora de la princesa desde que sus padres fallecieron
Ella no dejaba de recorrer el salón de banquetes observando la mesa de basalto negra, el viejo reloj…
Con los años, la aristócrata no se había acostumbrado a la genial arquitectura de Arcándida, las paredes de hielos con adornos delicados, los muebles de piedra… todo muy armonioso.


La condesa contempló embelesada los movimientos que creaban los rayos del sol al filtrarse por las paredes. Pensó en Nives.
La había criado y se sentía muy unida a ella pero lamentaba tener que obligarla a casarse, pero lo hacía pensando en su bienestar.
Rápidamente se dirigió a la cocina donde supuestamente el almuerzo debía estar listo.
En la cocina había una tarta de manzana y pera que el pingüino Once contemplaba como si se tratara de una de las hadas del bosque.
Arla y Erla amenazaron a Once de que no se la comiera y el camarero pingüino retrocedió de inmediato.
Once siempre <<probaba>> los platos de las cocineras y en más de una ocasión loa había destrozado.
En el momento en que Arla preguntó por las patas un fuerte chasquido alarmó a las mujeres y oyeron un batir de alas.
Las cocineras gritaron. Elrla se escondió bajo la mesa, Ar estaba con las manos en la cabeza y Once estaba inmóvil junto a la puerta. Seis cuervos rojos irrumpieron en la cocina y la convirtieron en un auténtico desastre.


Once, a petición de Erla, fue a pedir ayuda, tropezando muchas veces. Uno de los cuervos lo siguió y luego desapareció en los pasillos de Arcándida.
Al final, el pingüino tropezó con la condesa Berglind, intentando explicarle a trevés de la mímica lo que estaba pasando hasta que, por fin, la condesa lo comprendió: ¡Calengol u sus cuervos rojos estaban en el palacio!

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