Una abominable pesadilla
Era de noche en el maravilloso Reino de los
Corales, una noche perfumada de flores y de sal, que se extendía plácida entre
cielo y mar, acompañada por una base de ondas que se infringían sobre las orillas
coralinas y de algún parpadeo de peces que agujereaba acá y allá la superficie tibia
del agua. Sobre las islas, cantos de pájaros se alternaban en perfecta armonía,
conciliando el sueño de los habitantes del reino.
Solo la princesa Kalea no estaba en su cama. Había
cedido al sueño mientras se encontraba en el jardín, al lado de un jazmín que
la había acunado lentamente con su perfume embriagador.
Dentro de poco os dejaré el resto del capítulo.
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