Una amarga sorpresa.
Nives llegó al castillo
a lomos de Gunnar. Sabía que llegaría tarde al almuerzo pero que también podría
arreglarlo enseñándole a su tía la cesta llena de frutas que traía del Gran Árbol.
Arcándida tenía una
imponente muralla con la que dominaba la llanura. Se podía admirar todo el
castillo; las ventanas, las paredes de hielo puro…
Al pronunciar el
nombre del puente, Kiram, este bajó hacia el Foso Turbulento al reconocer su
voz. Ese era uno de los pocos restos de magia que su padre no había suprimido
de los Cinco Reinos.
El castillo parecía
que estaba desierto porque no se veía a nadie.
Al dirigirse a los
pisos superiores oyó voces procedentes de la cocina. Algo andaba mal.
Soltó la cesta de
frutas y echó a correr seguida por Gunnar, atento y protector.
El castillo se volvió
un caos total.
Cuando llegó a la
cocina lo que vio era peor de lo que esperaba. La cocina era un desastre total.
La condesa intentando consolar a Arla y a Erla, los lobos estaban inmóviles,
Olfaur estaba tratando de calmar al pingüino Once y Tina y Talía lloraban.
Nives preguntó qué
había pasado, pero a Gunnar le faltó olfatear a los dos lobos para comprenderlo
todo.
La condesa Berglind
le explicó lo que había pasado. Calengol había entrado por la ventana y sus
cuervos rojos lo habían destrozado todo.
Después de decirle a
Nives que iban a almorzar lo poco que había quedado, le pidió que la siguiera
porque tenía que hablar con ella.

No hay comentarios:
Publicar un comentario